!Y sigo vivo! Episodio 1. - LiberaLetras

miércoles, 21 de agosto de 2013

!Y sigo vivo! Episodio 1.



¿Qué tal?... Soy yo de nuevo, Tony, me presente hace unos días. ¿Lo recuerdan?...
Bueno, imagino que sí, cuando la vida es corta se tiende a recordar más, sobre todo si lo que viven ahora no es lo que esperan de la vida, y lo que está bien y es lo que desean, existe, pero solo en el pasado.

Como ser humano que soy – reitero, no soy un descendiente de Drácula – también tengo un pasado, uno que me encanta recordar y otro que no tanto… Además también existe uno que nunca recordé, pero que está allí.
Una de las cosas de mi pasado, es mi ciudad, donde nací…

¡Oh!... Mi país…

¡Nah!... jajaja no me sale, no he logrado nunca ser nacionalista, me siento más… Ciudadano del mundo y a decir verdad, por como he vivido y donde he vivido todos estos cientos de años, no creo que pueda decir que siento apego a un país en particular.

No sé dónde nací, para algunos eso es malo, para mí, bueno… Para mí no sé qué significa, no le he prestado mucha atención a eso. Solo sé que cuando empecé a tener uso de razón, estaba delante de mí un gran coliseo, el único del mundo en ese tiempo, el Romano.

Y si, era Romano, ciudadano de aquella ciudad eje del mundo. Así recuerdo, empezó mi vida, en un mundo que se quería expandir, rudimentario, y donde para desgracia de mis recuerdos, todos vestíamos como mujeres con lo que llamábamos túnicas para no decir que eran vestidos.

Por cierto, actualmente, a veces usamos algo de esa ropa. Irónico, la ropa Romana más ridícula la usamos en uno de los momentos más importante de nuestras vidas, nuestra graduación, la famosa “toga”.
Gracias a Dios alguien invento los Jeans, sino aun vestiría vestidos creados según para machitos.

En fin… La cosa era extraña, comparada con este tiempo, su tiempo.
Mi país era la “potencia”…


Y por “potencia” quiero decir que era el mejor país del mundo, el mejor país civilizado donde se podían ver como civilizadamente leones se comían a las personas que no obedecían las normas del imperio o mejor dicho, los caprichos de los Cesares, esos, de los cuales lo único bueno que puedo decir es que su ensalada es la que más me gusta.

De verdad, les digo, deben valorar su época, es un lujo increíble poder hacer sus necesidades sin que sus vecinos sepan que comieron la noche anterior. Cuando en Roma se decía baño público, se los digo, en serio, eran baños públicos, donde, quizás se imaginaran cual era el mejor tema de conversación.

Pues sí, olvidando lo anterior, Roma era lo mejor a lo que se podía aspirar en ese tiempo.
Pero, por alguna razón, no me sentía de allí…

Lo único que ame de esa ciudad, de inmediato, fue sus caballos…

¡Que, animales! trabaje por meses con un capataz que prometió darme uno si le ayudaba a darle paja a los demás potros. Y luego de tanto trabajo - que en parte disfrute por poder estar en contacto con esos majestuosos animales – llego el día, el día en que tendría mi propio caballo.

Y si, lo logre, a lo lejos, detrás de una barda de madera, divisaba al capataz con sus manos en una soga amarrado a un bello animal.
A lo lejos, se veía muy pequeño, y a decir verdad, ahora que recuerdo, a medida que se acercaba, también se seguía viendo pequeño…

Y cuando llego, lo único que se me ocurrió fue agacharme a acariciarlo, si, agacharme, el caballo era algo pequeño y, antes de que pudiera preguntar porque, el capataz me dijo que lo busco pequeño para que pudiera criarlo. Fue lo único que escuche del capataz antes de que se fuera apurado, pero… ¡Ya que! Tenía mi caballo.

Espere por meses que creciera, en una pensión donde vivía, que contaba con su propio establo.
Mi sueño era montarlo, cuando creciera claro, ahora a lo mucho solo serviría para sentarme a descansar los pies.

Pero pasaron los meses, y note que crecía, pero para los lados solamente, así que decidí salir con mi caballo en busca del capataz. Para cuando logre preguntar por él, la decepción no tardó en llegar, el capataz había viajado hace meses…

Lo único bueno es que paseando mi caballo al parecer logro llamar la atención de algunos. Era lindo ver como los niños jugaban con él, y otros se agachaban para sobarlo, diciendo ¡Qué lindo poni!

Si, lindo… ¡hasta que me entere qué era un poni!

Mi primera estafa, y mi primer sueño roto, tenían un caballo que no era más grande que un perro y no corría más que una rata pero comía más que un cerdo.

 En fin, recuerdos… Has… ¿Cosas que pasan verdad?

Años después aprendí que cuando te gusta algo, no debes abandonarlo.

Yo vendí a “Fugas” así le decía, cuando creía que era un caballo, luego solo era capaz de llamarlo “Panza”… Y no quiero entrar en detalles de porqué.
Sin embargo, años después logre conseguir uno, un caballo de verdad… Pero, esa es otra historia.

Exactamente luego de aquella decepción mi interés se volcó en las espadas.

¡Y si les contara como conseguí mi primera espada!

En fin… Debo salir. Así que eso, se los escribiré después, lo que sí puedo decir es a pesar de todo, de las decepciones y los sueños rotos. Logre decir: “Mañana será mejor”


“¡Y sigo vivo!”



Autor: Jopsiel Hernández 


*Todos lo escrito es de mi autoria y esta protegido por las normativas de Derechos de autor y Copyright a nivel internacional.


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